El subrayado profesor C.S. Lewis, en uno de sus ensayos recogido en el libro “Ética para vivir mejor”, en el que reflexiona acerca de la igualdad, comienza con una frase que en nuestro contexto de agitada actividad política, vale la pena recordar.

“Soy demócrata por que creo en la caída del ser humano. Creo que la mayoría de las personas son demócratas por el motivo opuesto (…) Nadie puede ejercer un control y poder sobre otro sin ser corrupto”

C.S. Lewis

Hay entre el cristianismo buenas y malas formas de relacionarnos con el poder; creo que la mayoría de las que se reducen a caricaturas negativas es porque se han arrastrado por la idea de que, la democracia y el andamiaje político es intrínsecamente bueno, a o menos, idóneo (a través de su fuerza mandatoria) para sacar lo mejor de las personas. Pero tal como el tío Jhon Stott reflexionaba, el humano es una contradicción entre “el polvo y la gloria”; somos esa paradoja, y quiero que nos libremos de la tragedia de ver a nuestros sistemas políticos cómo viables fuera de esa paradoja. Entonces, no, no todo liderazgo político es intrínsecamente corrupto, y no, no hay “desde este el lado del cielo” un liderazgo político que pueda realizar la “restauración de todas las cosas” (si se me permite usar de este lenguaje).


¿Qué nos queda?

No sucumbimos ante el optimismo triunfalista. No lo hacemos porque, como Lewis, recordamos y reconocemos la situación de los humanos. La esperanza restauradora solo descansa en la acción de Dios en la historia, y no en nuestras fuerzas.

Tampoco sucumbimos ante el negativismo fatalista. Pero al mismo tiempo, no podemos rendirnos ante una desesperanza que condena a la humanidad a consumirse, mucho menos cuando vemos que esta camina a CONSUMARSE (palabras de diferencia trascendente). Willbeforce, Luther King Jr, Bonhoeffer y tantas otras vidas en silencio que, nos demuestran que luchar contra la corrupción es una cuestión que tiene sentido, que es posible ver bondad, justicia, gracia en medio de nuestros sistemas políticos.

Somos profundamente realistas. Afirmamos lo mejor y lo peor de lo humano. La caída exige de nosotros que reconozcamos, limitemos, que pongamos reglas para los corruptos que están entre nosotros, y la corrupción que vive en nosotros. Al mismo tiempo, afirmamos la gloria, la imagen de Dios, la dignidad que exige que el andamiaje político esté al servicio, NO DE SUS ADMINISTRADORES, sino al servicio de la vida y las personas.

Tan importante cómo saber a quien elegimos es saber, desde qué “esperanza” elegimos a esas personas. Miremos con sobriedad, conscientes de la dirección de nuestra decisión y nuestra profunda responsabilidad de anunciar en todo lo que hacemos una esperanza trascendente.


Pablo Galaz actualmente trabaja a media jornada como asesor del GBU para la zona Austral del Chile, participó del programa de formación de obreros y luego fue parte de IFES Breaking New Ground. Estudió Derecho, carrera que ejerce a la par de su trabajo en el GBU.
Durante el último año, junto a su esposa Grace Garrett se encuentran plantando la Iglesia El Árbol en la Ciudad de Pta. Arenas.