Día 61, Doble luto por doble gozo

Escrito por Jaime Peña Álvarez, Estudiante de Doctorado en ciencias, Colaborador del GBU en Santiago.

Leer el Capítulo 61

Muchos teólogos afirman que este capítulo está inserto dentro de la tercera parte del libro, la cual ha sido llamada por diversos estudiosos el Trito-Isaías o “Tercer Isaías”, pudiendo haber sido escrita unos doscientos años después del profeta Isaías mismo. Sus propósitos son animar, dar fe, luz y esperanza a la comunidad judía, ya sea antes, durante y después del “segundo éxodo” que experimentaron al abandonar el destierro en Babilonia gracias al Decreto del Emperador Persa Ciro, y que luego regresó y reconstruyó Jerusalén, tal como se puede observar en Is 60:10-13.

Nos habla acerca del año de la buena voluntad, lo cual, para los judíos mismos, significó su liberación del exilio en Babilonia y el castigo de sus opresores, siglos antes de la venida de Cristo. Al llegar, se dIeron cuenta de la ruina y desolación presentes en las ciudades de Judá, por los que el escritor los animó para reconstruirlas.

Cuando habla de que “el Señor me ha ungido”, se refiere a la utilización de aceite sagrado por parte de Dios para designar tareas especiales como la del sacerdote o el rey. Esto recalca la importancia de la misión del profeta.

La liberación de los oprimidos se presenta como una remembranza del año sabático (Ex 21:2, Dt 15:1, 12) o del jubileo (Lv 25:8-16), en los que se perdonaban las deudas y se devolvía la libertad a los esclavos. Ellos mismos habían sido esclavos de los asirios, babilonios y medo-persas, y ahora son liberados.

A causa de esto, se genera un cambio de sentido en 180 grados. La situación se ha revertido de la total desolación a un gozo completo. Se pasa de la desgracia, quebranto, reclusión, luto, aflicción, angustia y ruina a las buenas noticias, sanación, libertad, consolación, retribución, gloria y alegría. Esto da el ánimo requerido para reedificar las ruinas de muchas generaciones.

Los extranjeros que anteriormente los asolaron, serán responsables de las tareas diarias, para que los judíos puedan concentrarse en la alabanza y el servicio a Dios como sus sacerdotes.

Y el cambio es exaltado y doblemente resaltado. De doble confusión y deshonra a doble honra y perpetuo gozo. La felicidad descrita es tan grande, que es comparada a la de una boda, y sirve como testimonio al resto de naciones de la tierra a las siguientes generaciones durante mucho tiempo. Las características que mejor lo evidencian son la justicia y alabanza. Lo religioso y lo civil. O sea, cambio en todos los ámbitos de la vida.

Día 60, Una restauración conmovedora

Escrita por Ruth Salgado, Fonoaudióloga, Colaboradora del GBUCH en Puerto Montt.

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Hace ya casi cuatro años, vivimos en Chile uno de los terremotos más fuertes de la historia. Tristemente, muchas ciudades se vieron arrasadas por el ímpetu del océano, y lamentamos aún la pérdida de nuestros compatriotas.

La tarea de la reconstrucción, el “re-armado” de nuestro país, ha avanzado lenta y dolorosamente; la prioridad ha sido construir nuevas viviendas en suelos alejadas de las zonas de riesgo. Esto último, ante la posibilidad de un nuevo desastre natural que bien sabemos, es altamente probable. Sin embargo, hay un punto que ha sido pasado por alto: ¿Quién o cómo se reconstruye la seguridad de las familias más afectadas? ¿Cómo se supera el temor del desastre repentino y el dolor de las pérdidas? Y aún hay más: las promesas de las autoridades no siempre se han cumplido, y la rabia mezclada con la impotencia, ¿cómo se olvidan?, ¿cómo levantarse de las ruinas, para comenzar otra vez?

Isaías 60, es la promesa de la restauración de una ciudad, una ciudad que representa una nación. Una nación destruida y abandonada por su mismo fundador; “Aunque te destruí en mi enojo, ahora tendré misericordia de ti, por mi gracia” (Isaías 60: 10b). Pero ésta restauración, como todo lo que hace el Señor, es simplemente portentosa. Conmovedora. Asombrosa. E íntegra. Si, íntegra, porque además de toda la gloria de la arquitectura de la nueva ciudad (Is.60:10-11), las magníficas riquezas que poseerá (Is. 60:5-7,11, 13 y 17), el cese de la violencia (Is. 60:18), y la restitución de la justicia (Is. 60:17, 21), Dios les promete paz. El “Shalom” tan anhelado por Israel, y por el mundo entero hoy, será el broche final de la obra del Fundador. Ese regalo de la paz, es ÉL mismo, el Príncipe de Paz habitando con su pueblo, consolando su dolor y siendo su luz.

“Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: ¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.” (Ap. 21:3a)

“No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna, porque Jehová será tu luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados”. (Is. 60:20)

Una ciudad nueva, una ciudad en la que Dios convive junto a su pueblo, tal como Él lo diseñó desde el principio. Una restauración perfecta de la ciudad, pero ahora, ésta ha cambiado en un aspecto fundamental: tiene nuevos ciudadanos. Y esos ciudadanos somos tú y yo, sus redimidos.

Por mi parte, anhelo conocer esa maravilla, pero principalmente, poder estar junto a Él; sin más dolor, sin más muerte, sin más violencia. Me imagino estando bajo el calor de su luz, en la compañía de su presencia.
¿Y tú?

rosado

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