DÍA 56, Amor Sacrificial

 

Escrita por Jorge Whitaker, Abogado, Colaborador del GBUCH en Valdivia.

Leer el Capítulo 56

En el capítulo anterior veíamos cómo Dios extiende –nuevamente-su misericordia a los “que no son de este redil” (referencia a Juan 10:16), anunciando desde ya la vocación divina de llamar a sus hijos desde todos los rincones de la tierra. Dios no hace acepción de personas, y en el capítulo de hoy eso queda manifestado en la declaración que el Señor realiza tanto a los eunucos como a los extranjeros que “abracen mi pacto”. Sin embargo quiero reflexionar en un punto que tendemos a obviar: las obras. El capítulo 56 parte con una clarísima amonestación: “Sean justos e imparciales con todos; hagan lo que es bueno y correcto, porque vendré pronto para rescatarlos y para manifestar mi justicia entre ustedes” (NTV). Está fuera de discusión que la salvación es por fé, pero otra cosa muy distinta es creer que somos hijos de Dios por creer intelectualmente algunas verdades y encerrarnos en nuestras congregaciones para alabar y adorar con las mismas canciones de siempre, y limitando el concepto de alabanza a verdaderos karaokes (con himnario o sin himnario) los días domingo. Si creemos que hacemos bien al encerrarnos en nuestras congregaciones para buscar de Dios y nos quedamos con eso, estamos mal. Ya en el capítulo 1 Dios aborreció el sacrificio, las ofrendas y toda la ceremonia litúrgica porque no había ni justicia ni buenas obras en el pueblo de Dios. No nos confundamos hermanos, a Jesús no lo mataron por enseñar al pueblo a tener una relación personal con Dios. Lo mataron porque desafió todo el sistema político y económico del mundo, y con ello amenazó la autoridad de los privilegiados y la preeminencia del dinero en las relaciones humanas. A Jesús lo mataron porque nos enseñó y nos llamó a ser revolucionarios mediante el amor, pero no un amor etéreo o abstracto, sino un amor sacrificial que da sin calcular y se ofrece en vida al prójimo. La Iglesia de Jesús, si oyéramos sus palabras, sería una Iglesia sin templos, una Iglesia activa y que acompaña al desesperado, y no la Iglesia cómoda en la que nos encerramos los domingos.

Volviendo al texto, hemos visto hasta ahora en los capítulos anteriores un enfoque basado en Judá e Israel mediante una secuencia casi cíclica de advertencias, pecado, juicios, perdón y restauración de Dios con su pueblo y las naciones vecinas. Pero ya en el capítulo 34 se anuncia la destrucción de toda la tierra, levantando la mirada hacia más allá del pueblo de Dios y las naciones vecinas. El libro de Isaías alcanza hasta los confines de la tierra en cuanto a su extensión geográfica, y hasta los últimos tiempos en su extensión temporal, como cuando anuncia la manifestación poderosa del mesías en toda su majestad.

En el capítulo de hoy, Dios ya no habla en términos tan generales. Ahora acerca un poco más la lupa y se habla a categorías de personas en específico. Ya no hablamos de pueblos o naciones, ahora los destinatarios del mensaje son personas. Tanto para acercar como para condenar.

El capítulo 56 se refiere a dos situaciones, por una parte es la buena noticia para aquellos que históricamente han sido considerados como “apartados” del pueblo de Dios (eunucos y extranjeros) de que ya están bajo las mismas reglas que el pueblo de Dios y se les exige lo mismo: guardar el pacto. Es interesante, en este punto, el contraste entre la aceptación de los sacrificios y ofrendas quemadas de los extranjeros y eunucos, comparado con el asco y repudio de Dios a las mismas ofrendas y holocaustos hechas por su propio pueblo descarriado del capitulo 1.

Por otra parte tenemos en este capítulo una fuerte condena a los líderes y pastores de su pueblo. Aquí también vemos un mensaje menos general y más enfocado a categorías de personas concretas. Los pastores del pueblo de Dios y los líderes “son pastores ignorantes cada uno va por su propio camino y busca ganancias personales” (56:11 NTV). Esta condena a los pastores y líderes del pueblo es tanto o más atingente a nuestra realidad de hoy día que a la realidad de la Judá desviada.
Vemos hoy en día como se dividen y se abren nuevas congregaciones por razones de ego o simple ambición. Vemos las desconfianzas entre pastores y el temor a perder ovejas a manos de la iglesia contigua. Vemos abuso de poder en las iglesias, y muchas veces el pueblo de Dios es mantenido en el temor. Cualquier intento de reforma es aplacado con la enseñanza de la “murmuración contra Moises”, y en el mejor de los casos un grupo se divide y forma otra iglesia, empeorando la situación general del pueblo de Dios.

El llamado que humildemente puedo hacer no es a dejar la iglesia, sino todo lo contrario. Es a permanecer en nuestras iglesias y madurar en la fe. No irse por pequeñeces, ni discutir inútilmente, sino transformar nuestra iglesia a través del amor sacrificial, mas cargado de obras que de palabras, tal como Jesús transformó al pueblo de Dios guiado por pastores ciegos y ambiciosos de su època.

Se ha considerado al libro de Isaías como el resumen de toda la Biblia. Pues bien, según mi rudimentaria matemática el capítulo 56 equivaldría al libro de Tito, en el cual Pablo exhorta a los líderes de la Iglesia (tanto hombres como mujeres) a tener un buen comportamiento. Específicamente Pablo ordena a Tito para que se preocupe de que el liderazgo de la Iglesia sea un liderazgo fundamentado en el buen comportamiento de sus líderes. Es una preocupación positiva hacia el liderazgo de la Iglesia. Y es esa una buena conclusión a este comentario del capítulo 56 de Isaías. Preocupémonos de nuestros pastores y lideres, primeramente en la oración y también en el ejemplo.

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DÍA 55, Ser Saciados

Escrita por Fabiola Rivera, Bióloga, Colaboradora del GBUCH en Santiago.

Leer el Capítulo 55

Este capítulo inicia con un llamado “vengan gratuitamente todos los sedientos, presten atención a mis palabras, coman de lo verdaderamente bueno y vivirán” Esta invitación de parte de Dios viene acompañada de una promesa “Yo me uniré a ustedes para siempre” (versículos 1-3).

Si pensamos que estas palabras fueron recibidas por el pueblo de Israel en cautividad, vemos que se hace una invitación a cambiar de enfoque ¿En qué buscas ser satisfecho mi cansado pueblo? ¿En qué estás invirtiendo tus escasas fuerzas? ¿No está Dios mismo llamándote a ser saciado en su presencia eterna? pues entonces ¿No es este el tiempo más oportuno para buscarlo? Creo que nosotros también hemos sido confrontados constantemente con preguntas de este tipo desde que fuimos llamados a vivir en Cristo. Ser confrontado puede ser amargo para nuestro orgullo, pero es necesario para concretar los momentos de reenfoque que nos desafía a ser más como el Señor.

Finalmente, Isaías recalca la superioridad de las acciones, pensamientos e identidad de Dios con respecto a nosotros (versículos 8 y 9) y declara la necesidad del sediento de cambiar sus acciones y pensamientos, descansando en el perdón de Dios y en la intencionada acción de su palabra (v.11), la cual, transforma vidas y guía a esa saciedad donde sólo Dios es glorificado (v.13).

Espero que este capítulo también nos inquiete a presentar a Cristo como fuente de vida y eterna satisfacción. Si recuerdan, como se relata en Juan, en el último día de una gran fiesta, o sea donde mucha gente estaba bebiendo, Jesús se puso en pie y exclamó: “Si alguno tiene sed venga a mí y beba. Él que cree en mí, como ha dicho la escritura: De lo más profundo de su ser brotaran ríos de agua viva” (Juan 7: 37- 38).

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Día 54: Mi Señor, mi Hacedor, mi Salvador

Escrita por Bárbara Tabilo, Estudiante de Veterinaria, GBU en Valdivia.

Leer el Capítulo 54

Mi hermana hace algunos años me fue a visitar, y antes de partir pegó en mi mural un papelito pequeño que decía; ISAIAS 54. Claro que no fue hasta algún tiempo después que sentí curiosidad de leerlo, de hecho fue en un momento de sufrimiento, cuando extrañe a mi hermana y sus consejos. Cuando lo leí me invadió el llanto y la risa incontrolable, era gozo. En mi Biblia le dan por título: “El amor eterno de Jehová hacia Israel”

Mi pasado es algo de lo que no me puedo orgullecer, pues fui una hija rebelde y la vi difícil, tome las peores decisiones que tuvieron las peores consecuencias, busqué alejarme lo más que pude de Dios, porque creía (engañada por el enemigo, hoy lo sé), que era válido conocer lo que se oponía a él. Hoy se que no es válido, ni tiene sentido, no hay amor que valga fuera de él, no hay camino, ni verdad ni vida.

Volví a buscar a Dios en mi máxima soledad y necesidad en todo sentido. Lo busqué de corazón verdaderamente, al recordar que alguien una vez me dijo: Dios te ama y te acepta tal cual estas.

A los ojos de los cristianos me sentí menospreciada al volver a Cristo, porque ya no era pura, estaba sucia delante de los ojos de todos, me comparaba constantemente con mis hermanas y no podía sentirme digna, sino repudiada.
Tengo una visión del Señor en este capítulo, levantando mi pera suavemente y diciéndome:

“ ¡Regocíjate!, eleva una canción y da voces de júbilo! Ensancha el sitio de tu tienda, no seas apocada, porque te extenderás. No temas, pues no serás confundida; no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud. Porque tu marido es tu Hacedor. Tu Redentor, el Santo de Israel. Porque como a una mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová.

“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias.
Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti”

He jurado que no me enojaré contra ti ni te reñiré. No se apartará de ti mi misericordia ni el pacto de mi paz se romperá», dice Jehová, el que tiene misericordia de ti.

¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo!

Todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y se multiplicará la paz de tus hijos. Con justicia serás adornada; estarás lejos de la opresión, porque no temerás, y lejos del temor, porque no se acercará a ti.

Si alguno conspira contra ti, lo hará sin mi apoyo. El que contra ti conspire, delante de ti caerá.

Ninguna arma forjada contra ti, prosperará, y tú condenarás toda lengua que se levante contra ti en el juicio.
Ésta es la herencia de los siervos de Jehová: su salvación de mí vendrá

¡¡Halleluja!! Su amor es eterno y sus misericordias se renuevan cada día! Cada vez que leo este capítulo mis ojos se llenan de lágrimas, porque sus promesas son eternas y verdaderas.
Dios es fiel y merece toda la honra! Amar a Dios por sobre todas las cosas es obedecerle en todo. Caminemos cada día en más obediencia para que él pueda perfeccionarnos y moldearnos, para estar a la altura del varón perfecto y así reinar junto a él en Justicia, paz y amor eternamente y para siempre.
Amén.

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