Día 59: Amor y justicia

Escrita por Daniela Núñez, Estudiante de Ingeniería Civil Industrial, GBUCH en Santiago.

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“¡Escuchen! El brazo del Señor no es demasiado débil para no salvarlos, ni su oído demasiado sordo para no oír su clamor.”
-- Isaías 59:1 NTV

Es una frase muy agradable de leer empezando un capítulo nuevo ¿no?
¡Sí! –dan ganas de gritar– ¡El Señor es fuerte, poderoso! ¡Y no sólo eso, sino que nos oye y nos salva!
Uno de esos versículos que te alegran el día, de los que entregamos a los que la están pasando mal, de los que publicamos en Facebook cuando nos vemos sobrepasados por las circunstancias.

Todo bien por ahora, pero sigamos leyendo…

“Son sus pecados los que los han separado de Dios.
A causa de esos pecados, él se alejó y ya no los escuchará.”
-- Isaías 59:2 NTV

Ups…Aquí como que no nos gustó tanto ¿verdad?
¿No podemos quedarnos sólo con la parte en la que Dios nos defiende? ¿Es necesario entrar a enumerar la larga lista de faltas que hemos cometido contra Él? Eso es precisamente lo que hace este capítulo.

Debo reconocer que cuando lo leí por primera vez, un poco ofendida, pregunté:
¡¿Dios, y esto qué tiene que ver conmigo?!

Porque ok, sé que soy pecadora. Sé que Dios envió a Jesús a morir por mis pecados y a que el hombre pudiera ser reconciliado con su Creador… Se lo he repetido casi textual a muchas personas. Lo he enseñado y explicado muchas veces… ¡Pero este capítulo habla de manos de asesinos, trampas, telarañas y cuánta otra cosa! ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

¡Por favor, Dios! –me dieron ganas de decir– ¿Acaso he matado yo a alguien?

Es que a NADIE le gusta que le hagan ver sus errores (yo no soy la excepción y, si bien no he matado a nadie, tampoco estoy libre de pecado). Por el contrario, es más agradable acordarnos de que Dios nos ama que de que Dios sabe lo malos que somos. ¡Oh sí! Es mucho mejor recordar que nos ama tanto que envió a su Único Hijo… a pagar por nuestros pecados…

Nuestros pecados. Ahí aparecen de nuevo. Incluso en su demostración más grande de amor por nosotros, nos recuerda que el motivo por el cual tuvo que hacer un sacrificio en primer lugar fue que "la paga del pecado es muerte" (Rom 6:23a). No podemos separar el amor de Dios de la justicia de Dios.

“No hay justo, ni aún uno” (Rom 3:10). Este capítulo nos recuerda eso. Nos recuerda que debemos pensar de nosotros con moderación (Rom 12:3 NVI, ya que habla del mismo pecado que te separa a ti y a mí de Dios, que del que separó al Israel desterrado.

Dios nos ama mucho, es cierto. Su brazo es fuerte para salvarnos y su oído no es sordo ante nuestro clamor, pero Dios no es un abuelito bonachón y pusilánime que va a hacer la vista gorda ante nuestras faltas y meter nuestra mugre bajo la alfombra, sino que:

“El Señor miró y le desagradó descubrir que no había justicia.”
-- Isaías 59:15b NTV

Pero (¡uff! ¡gracias a Dios hay un pero!) el capítulo no termina ahí. Bien que podría terminar ahí y no tendríamos derecho a reclamo. No obstante, sigue:

“Estaba asombrado al ver que nadie intervenía para ayudar a los oprimidos.
Así que se interpuso él mismo para salvarlos con su brazo fuerte, sostenido por su propia justicia.”
-- Isaías 59:16 NTV

Tal como no podemos quedarnos sólo con la parte benevolente del amor y dejar de lado su justicia, tampoco podemos hacerlo al revés. Dios nos dice que como nosotros mismos no pudimos hacerle frente a nuestra maldad, Él se encargará de redimirnos. Ese es su pacto eterno, incondicional con nosotros (versículos 16 al 21)… AÚN CUANDO sabe lo malos que somos (versículos 3 al 15).

Así que si bien el Señor no es este dios (nótese la minúscula) corazón de abuelito que nos dejará hacer lo que queramos sin consecuencias, tampoco es un dios tirano que se limite a imponernos un montón de reglas y abandonarnos a nuestra suerte. ¿Lo que Él es? Él es un Padre. Y un padre ama profunda e incondicionalmente a sus hijos, pero en nombre de ese mismo amor es que los corrige (Hebreos 12:6).

Amor justo. Justicia amorosa. Amor y justicia.
Todo el evangelio no es otra cosa sino la máxima expresión de ambas.

Jesús no desconoce que había que pagar un precio, pero lo paga Él.
Nuestra rebeldía exigía que se derramara sangre y sangre fue derramada, pero no la nuestra.
Va a haber un tribunal donde una lista como la de Isaías 59 va a estar acusándote a ti o a mí, pero la sentencia fue cumplida y quien tomó nuestro lugar será Abogado que nos defienda.

Así que vuelvo a dejar que me asalte la pregunta: “¿Qué tiene que ver este capítulo conmigo, aun cuando no he matado a nadie?”
Pero esta vez, con menos arrogancia, me respondo:
“Amor y justicia, Él vino a morir por mí a pagar por una lista como esta”.

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Día 58, El mensaje de Cristo

Escrita por Gabriel Parra, Licenciado en Ciencias Socioeconómicas, Colaborador del GBUCH en la Quinta Región.

Leer el Capítulo 58

Muchas veces nos sentimos interpelados por aquel imaginario colectivo que señala que debemos mantener una vida alejada de las polémicas, las denuncias y los conflictos, probablemente avalando la tesis de que quien mantiene una vida serena y de respeto hacia el status quo vivirá más y mejor. Sin embargo, nuestro capítulo de hoy es explícito en señalar que el deber del profeta es gritar con todo su ser las rebeldías e iniquidades del pueblo de Dios.

No obstante lo anterior, sería algo confuso salir a la Plaza Sotomayor de Valparaíso y declararle a la comunidad porteña que sus pecados están colmando la paciencia de Dios, ya que, por un lado, sabemos que solo quienes creen en Cristo podemos ser consientes de lo pecaminoso de nuestro ser, y por otra parte, sabemos que Cristo vino a traer vida en medio de la muerte, paz en medio de la tormenta, perdón en medio de la culpa y por sobre todo, justicia en medio de la opresión.

Ahora bien, si estamos de acuerdo que las palabras del profeta Isaías estaban destinadas al pueblo de Israel y no a los pueblos extranjeros (o gentiles), podemos interpretar que los dos hechos que relata el profeta, tanto el ayuno como el día de reposo, eran características que los definía como pueblo de Dios, su identidad se basaba en las tradiciones que Dios había impuesto desde los tiempos de Moisés. Y es justamente en estos símbolos religiosos en donde, de forma vehemente, Dios les recrimina lo perdidos y confundidos que andaban, creyendo que por el solo hecho de cumplir el rito, mantendrían una relación estrecha con el Señor, olvidándose de Levítico 19, dejando en el banco de suplentes en hecho de que Dios es un Dios justo que no tolera la opresión, la corrupción y la violencia.

Es imposible poder entender en plenitud este capítulo sin la figura redentora de Cristo, quien nos desafía día y noche a sentir la necesidad de volvernos a él, desafiándonos a adorarle no en ritos ni tradiciones vagas, sino en espíritu y verdad, en un constante desapego a las comodidades de este siglo, en un dar hasta nuestra vida por Su causa, en sufrir con quienes sufren, llorar con quienes lloran, siendo perseverantes y humildes, valientes para denunciar nuestra propia hipocresía y motivados para mostrar el mensaje de amor de Cristo a la sociedad.

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Día 57, Los ídolos a tu alrededor

Escrita por Eduardo Jaureguiberry, Abogado, Colaborador del GBUCH en Valdivia.

Leer el Capítulo 57

Hace unos minutos acaba de fallecer Philips Seymour (Actor, Hollywood, Truman Capote entre otras, presuntamente sobredosis de drogas). En otro rincón de U.S.A, Justin Bieber, desmarcándose de su rol de niño, le demuestra al mundo que se ha vuelto “un rebelde sin causa” y que hablar por ejemplo de la reciente y paradójica muerte de Paul Walker. Leo este pasaje y pienso en los “ídolos” diarios, seamos sinceros, los verdaderos, los originales los controlan a ellos y ellos les rinden culto, controlan a tus conocidos, tus amigos, familiares, influyen a cristianos, te influyen a ti y a mí.

Los ídolos de hoy o por lo menos los con más “me gusta”, tienen nombre y no salen en LUN , se llaman “paradigmas”, van tomando el lugar de Dios y obligan a ser: “el hombre exitoso”, “la mujer plena”, “el 24/7”, “la feminista”, “el tecno-macho”, “el zorrón”, etc. Todos los días, sus fieles, sus devotos, disciplinadamente corren a dejar sus ofrendas a sus “Molocs”, abandonan sus vidas, se alienan, se convencen, se enferman por “SER”,”. Caminan y caminan para adorar a sus dioses, y parecen no cansarse. ¿Quiénes son esos dioses que tanto los asustan, para que me sean infieles y me olviden por completo? (vs10-11)

Y en medio de esa frenética idolatría, la repleta de hombres sacados de “walking dead”, estamos resistiendo, luchando, siendo influenciados, a ratos cansados, “apaleados”, esperando, queriendo “tener alas” un momento para arrancar, para estar quietos con Dios. Dedícate hoy simplemente a verlos, comprueba su liturgia extremadamente rigurosa, diaria, básica.

Y a medida que los veas ten confianza en Dios, el original, el único Alto y Sublime, el único Santo, en Cristo tú único paradigma, quien tomara tu quebranto, tu arrepentimiento, quién reanimará tu corazón, le dará fuerza a tu vida. A todos ellos se los llevará el viento; con un simple soplo desaparecerán. Pero el que se refugia en mí recibirá la tierra por herencia y tomará posesión de mi monte *santo.». ¡Que Dios te Bendiga! (vs15).

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